Enseñanza de la Iglesia sobre Migración

La consideración de la Iglesia respecto a los migrantes, además de estar basada en la Sagrada Escritura, está expresada en los documentos de su Magisterio.

La Iglesia ha tenido una larga tradición de enseñanza acerca de la movilidad humana. La cual se ha sabido adaptar de una postura inicial alarmista a una postura más positiva rescatando los valores espirituales, culturales, uniendo la migración con el plan divino de la salvación.

Son muchos los temas tratados en el Magisterio de la Iglesia con respeto a la Movilidad Humana, uno de los más importantes es el sentido misionario (propagación de la fe) de la Iglesia a través de las migraciones, ratificado especialmente en el Vaticano II.

Nuestro Cardenal Francis George y nuestro Obispo Auxiliar John Manz estuvieron muy comprometidos en el desarrollo y narración de este documento, realizado por las dos Conferencias Episcopales bajo el espíritu de una sola Iglesia. Ellos expresaron lo siguiente: "Estando los migrantes presentes en las parroquias y comunidades de nuestros dos países, vemos demasiada injusticia y violencia en su contra; y entre ellos, bastante sufrimiento y desesperanza porque las estructuras civiles y eclesiales siguen siendo insuficientes para dar respuesta a sus necesidades más elementales." (Juntos en el Camino de la Esperanza: Ya no Somos Extranjeros, #5)

Evidentemente, la Iglesia alza su voz para proclamar que está al servicio de este pueblo migrante y propone profundizar la reflexión sobre su realidad, para que, conociéndola auténticamente, podamos responder de la forma más adecuada como Iglesia y siempre dentro del marco de la fe, a sus necesidades concretas y seguir siendo así un canal de transformación de la persona humana y de la sociedad.

La Pastoral Migratoria involucra a toda la Iglesia pues, recordemos que es parte de la Acción Social de la Misión de la Iglesia. Es para todos aquellos que ven en la experiencia de la migración (si no en la propia, sí en la de sus hermanos y hermanas de comunidad parroquial) una oportunidad de vivir su fe y actuar basándose en ella. Somos cristianos llamados a vivir nuestro bautismo, comprometidos con el prójimo, especialmente con el que sufre, con el que necesita de nosotros, en este caso, con el inmigrante.

La movilidad humana, específicamente, el fenómeno migratorio, nos pone cara a cara con una realidad compleja que no podemos ignorar. Muchos no dudan en identificarla como un problema, y lo es, si la visión con que se la mira es aquella que dominada por el egoísmo individual y colectivo, defiende un materialismo consumista y pone en primer lugar la economía de mercado, divide el espacio diseñando fronteras y con ellas, excluye a los inmigrantes, a quienes los ubica en una categoría inferior, donde los derechos humanos son sencillamente ignorados, eliminados.

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"La Iglesia, como Madre, debe sentirse a sí misma como Iglesia sin fronteras, Iglesia familiar, atenta al fenómeno creciente de la movilidad humana en sus diversos sectores. Considera indispensable el desarrollo de una mentalidad y una espiritualidad al servicio pastoral de los hermanos en movilidad, estableciendo estructuras nacionales y diocesanas apropiadas, que faciliten el encuentro del extranjero con la Iglesia particular de acogida." ~Aparecida, 412