La Migración en el Nuevo Testamento

En el Nuevo Testamento leemos:

A) La vida de Jesucristo, que desde su concepción manifiesta su carácter de movilidad; pues, estando todavía en el seno de María tiene que migrar huyendo de un "poder" amenazante. Imaginemos la escena en la que José conduciendo y protegiendo a María pedía posada, tal vez diría: "Soy José, carpintero, estoy de paso con mi esposa que está embarazada". ¡Embarazada! Aquí tenemos al necesitado, al peregrino, al débil, y la voz de José debería sonar en nuestros corazones: embarazada (Lucas 1, 26-38). Jesús en su incesante prédica, al estar aquí en la tierra siendo su Reino de otro mundo, manifiesta su constante peregrinaje; Él mismo envía a sus apóstoles a difundir el Evangelio por todo el mundo (Mateo 28, 16-20); en fin, el fenómeno migratorio es una realidad bíblica; pero es además, una realidad que nos convoca, que nos compromete seriamente, desde el nuestro ahora hasta nuestra propia salvación:

"Entonces el Rey dirá a los que tenga a su derecha: 'Vengan, benditos de mi Padre, y reciban en herencia el Reino que les fue preparado desde el comienzo del mundo; porque tuve hambre y ustedes me dieron de comer, tuve sed y me dieron de beber; era forastero y ustedes me recibieron en su casa; anduve sin ropas y me vistieron; estuve enfermo y fueron a visitarme; estuve en la cárcel y me fueron a ver'."(Mateo 25, 34-36).

Más adelante nos encontramos con Jesús transitando por los confines de diversos pueblos, pues, aunque lo vemos echando a los mercaderes del templo y afirmando que Él lo reconstruiría en tres días, no lo hemos encontrado establecido en un templo desde el cual lanzara su prédica; la constante siempre ha sido verlo caminante, incluso después de su ascensión, en el camino de Emaús (Lucas 24, 13-35). Las imágenes de Jesús-Peregrino son abundantes en los evangelios, como los son también aquellas imágenes de Jesús en encuentro con el más débil (ciego, paralítico, endemoniado, pecadores, etc.). Y es de increíble expresividad para el tema de migración humana, contemplar y reflexionar la imagen de Jesús evangelizador-peregrino diciéndole al rico Zaqueo: "esta noche me quedaré en tu casa" (Lucas 19, 1-10). ¡Qué lección más completa de peregrinación y evangelización!, porque ciertamente Cristo se quedó en casa de Zaqueo: se quedó en su corazón. Así, el fenómeno migratorio aparece esencial en la prédica de la Palabra de Dios.

Jesús-caminante viene a ser la expresión de su real condición: Él es Hijo de Dios, su casa no está aquí; Él es Dios, su Reino no es de este mundo; Él es un peregrino, un migrante.

B) Los Apóstoles recibieron como herencia este sello migratorio: "Y le dijo: vayan por todo el mundo y prediquen el Evangelio a toda criatura" (Marcos 16, 15).

C) Mateo dice que debe ir a todo el mundo para extender el Mensaje de Jesucristo: "Id, pues, y haced discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo" (Mateo 28, 19).

D) La Iglesia, es además, no sólo por tradición, sino por su fundamental razón de ser, que ha heredado en todos los tiempos incluso en el actual, el sentido de ser una Iglesia peregrina, que camina por el mundo hacia la Patria Celestial. Una Iglesia en la que "no hay Judío ni Griego, ni esclavo ni libre, ni hombre ni mujer, ya que todos sois uno en Cristo Jesús" (Gálatas 3, 28).

Este es el gran llamado que reciben todos los cristianos, especialmente los que están dedicados a la Pastoral Migratoria, llamados a compartir con el prójimo, aquel que es débil, vulnerable, sólo, pobre, sufriente. Este prójimo es el centro de la atención. Nuestra responsabilidad no sólo a nivel individual, también a nivel institucional, es grande; y como para que no haya duda alguna, el Evangelio nos hace la gran revelación: "En verdad les digo que, cuando lo hicieron con alguno de los más pequeños de estos mis hermanos, me lo hicieron a mí" (Mateo 25, 40). Este prójimo manifiesta al mismo Cristo.

"El Rey les contestará: Les aseguro que todo lo que hicieron por uno de estos hermanos míos mas humildes, por mi mismo lo hicieron.” ~Mateo 25:40